Eso es exactamente lo que dice que pensó en 1980 Dennis Hope, un estadounidense que, tras ese momento de inspiración, se hizo millonario vendiendo parcelas de la Luna. Aprovechándose de los «grises legales» de los tratados internacionales. Y, sin duda, con mucha pericia. Tras tremenda idea, decidió buscar información al respecto. Contó en una entrevista concedida hace años a Vice que fue a la biblioteca y buscó el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967. El documento de Naciones Unidas explica que el espacio ultraterrestre es un bien común internacional, «provincia de toda la humanidad», y que, por lo tanto, se prøhíbe que cualquier nación reclame su soberanía territorial.
En concreto, el artículo número 2 dice que «la Luna y otros cuerpos celestes no están sujetos a apropiación nacional por reivindicación de soberanía, por medio de uso u ocupación, ni por ningún otro medio». Hope lo interpretó así: si es de todos, no es de nadie. Y, aunque un país no pudiera reclamarlo, ¿por qué no un particular?. «Era tierra sin dueño», dijo en una entrevista. Así que se la apropió tal y como «hicieron nuestros antepasados cuando llegaron al Nuevo Mundo desde Europa».
La gran pregunta es cómo se «adquiere» la Luna. De nuevo, Hope se agarró de una suerte de vacío legal o, mejor dicho, una falta de respuesta. Envió a Naciones Unidas una reclamación de propiedad sobre la Luna, los otros ocho planetas y sus lunas. En ella explicó que su idea era subdividir y vender la propiedad a quien la quisiera. Y tuvo el detalle de decirles que, si tenían algún problema legal, se lo hicieran saber. Nadie nunca le contestó. Desde entonces, ha vendido parcelas de la Luna por hectáreas. Y no solo del satélite de la Tierra, también ha vendido terrenos de Marte, Venus y Mercurio.
Entre los compradores se encuentran estrellas de Hollywood,expresidentes de Estados Unidos ya fallecïdos como Ronald Reagan y Jimmy Carter, y grandes cadenas hoteleras como Hilton y Marriot. También se dice que George W. Bush es propietario de un lote lunar. Hope le dijo a la BBC en 2007 que vendía un promedio de 1.500 propiedades al día, y contó que la manera para escoger los lotes era cerrando los ojos y señalando con el dedo índice un punto en el mapa de la luna. «No es muy científico, pero es divertido» dijo.
Parece que es tan divertido como oneroso, ya que se dice que ha ganado unos US$12 millones en este trabajo que, asegura, es el único que tiene desde 1995. Hope mantiene su negocio de bienes raíces intergalácticos pero, pese a esto, los expertos aseguran que la Luna no es de nadie. Al menos no de forma legítima. El tratado internacional de 1967 establece además que la exploración y el uso de este espacio debe beneficiar y ser de interés de todos los países. Pero hasta entonces, y de acuerdo con el derecho espacial, la Luna no es de nadie y es de todos al mismo tiempo.
Con información de: Biobiochile









