Douglas Robertson estaba aterrorizado: más allá del miedo que le producía sentir que el agua ascendía rápidamente hasta sus caderas -anticipando el inevitable hundimiento del velero que había sido el hogar de su familia por más de dos meses- su mente solo podía pensar en las ballenas asesinas que nadaban bajo sus pies.

Las mismas que hace unos instantes habían embestido la embarcación, poniéndolos en la pesadilla en la que se encontraban.

«Todavía me acuerdo del terror, vimos como las ballenas asesinas subían a la superficie; una se había abierto la cabeza y la sangre se regaba en el mar», dice Douglas recordando el incidente más de 50 años después.

Así comenzó el naufragio que, en 1972, dejó a Douglas y a su familia flotando a la deriva en el Océano Pacífico durante 38 días, solo alimentándose de carne deshidratada de tortuga y racionando la poca agua potable que pudieron salvar del desastre.

Lo que eventualmente se convertiría en una pesadilla había empezado como un sueño de su papá, Dougal Robertson, un viejo capitán que quería imitar la gesta del británico Robin Knox-Johnston, quien en 1969 se convirtió en el primero en dar la vuelta al mundo en un velero sin acompañantes.

Después de planearlo por casi 3 años, el padre de Douglas tomó la decisión de vender la granja de su familia en el centro de Inglaterra y usó los ingresos para comprar a Lucette, la goleta de 13 metros de largo que eventualmente terminaría en el fondo del océano.

Douglas la recuerda con nostalgia: «Era vieja, pero estaba en perfectas condiciones».

El ataque

«Eran las 10 de la mañana del 15 de junio de 1972 cuando escuchamos ‘bang, bang, bang’. No sabíamos qué nos había golpeado”, recuerda Douglas.

Él y su hermano estaban en cubierta, cuando vieron un grupo de orcas salir del agua, una de ellas brotando sangre de una herida que llevaba abierta en la cabeza, después de haber golpeado la embarcación.

«Fue ahí cuando dijo ‘abandonen la embarcación’, pero mi pregunta fue ‘¿abandonarla a dónde?’», dice Douglas.

Poco a poco, el terror empezó a apoderarse del joven: «Empecé a pensar que todo tenía que ser un sueño, que me despertaría y todo estaría bien».

A salvo

En el barco pesquero japonés que rescató a la familia Robertson, Dougal se sobresaltó cuando vio que los marineros iban a botar la carne deshidratada de tortuga y tiburón que habían recolectado en las balsas. Seguía en modo supervivencia.

“Estábamos seguros que no íbamos a dejar ir esa comida, no sabíamos si nos estaban mintiendo, podían no tener comida a bordo, eran las cosas que pasaban por nuestra cabeza”.

Douglas cree que sus padres nunca superaron el trauma de haber puesto a sus hijos en tal situación de peligro y terminaron divorciándose.

Lyn volvió a la granja y Dougal escribió un libro sobre la travesía y pasó el resto de su vida en un bote en el Mediterráneo.

Con información de Globovisión

¿Qué opinas de esto?