Los uruguayos Fernando Schmidt y Christian Ibarzabal escribieron Radojka, una comedia que Nohely Arteaga (Caracas, 1963) afirma que le viene como anillo al dedo. La obra muestra la historia de dos mujeres que en sus 40 cuidan a una anciana que muere accidentalmente. El suceso pondrá a prueba los valores de Gloria (su personaje) y Lucía (el de Grecia Augusta Rodríguez) y demostrará lo que son capaces de hacer por sostenerse económicamente.

Arteaga responde con simpatía y amabilidad a cada uno de los medios que se dieron cita en Trasnocho Cultural para anunciar las actividades de su aniversario 23, entre cuya programación destaca la obra protagonizada por ella. Luego de atender a una interminable lista de periodistas, se sienta para hablar con El Universal sobre este montaje, dirigido por Pedro Borgo, en el que además de estelarizar, también produce. Al final del día, reflexiona sobre el paso del tiempo y el mundo que siente se le ha abierto a sus 60 años de edad, los cuales exhibe como si tuviera oculto en su casa un retrato que envejece, al mejor estilo de Dorian Gray, mientras ella permanece intacta.

Radojka es una comedia que me cautivó, que me sacó de mi zona de confort. Va sobre dos cuidadoras que, por una situación imprevista, no quieren quedarse sin trabajo. Saben que lo que le están pagando no lo van a conseguir en otro lugar. Al principio puede parecer que hay algo de Pinky y Cerebro, pero después pasan otras cosas que develarán la dinámica que tienen”. 

-¿Cómo describe a Gloria?


-Soy incapaz de juzgar a mis personajes. Una vez que un actor lo hace, ya le está poniendo una pared. Mi personaje pudiera ser la encarnación de uno de los siete pecados capitales: la avaricia. Algunas veces, uno ensaya y ensaya y después, cuando te vas para tu casa, sigues pensando. Gloria y Lucía tienen una relación simbiótica. ¿Qué me cautivó de Gloria? Que me permitió hacer una comedia inteligente, cruenta, absurda y rapidísima, pero cuando el público se detenga, se dará cuenta de lo que estas mujeres son capaces de hacer y se preguntará: “¿Qué estamos viviendo?”, “¿Para dónde va todo esto?”, “¿Cuánta gente no está negociando con la muerte?”. Uno de los parlamentos dice: “¿Cuánto cuesta un velorio?”. Con mucha sutileza, los escritores hacen denuncia. ¿Hasta qué punto la gente ha perdido los principios por la sed del dinero? También se habla un poco de la tercera edad, de cuando la gente se queda sola, como es el caso de Radojka.

El montaje aborda la soledad y la depresión en la vejez. ¿Cómo asume Nohely Arteaga esto?
-Son síntomas que están presentes. Primero, a mi edad, están los cambios de las hormonas y el síndrome del nido vacío. Tengo dos hijos ya grandes. El mayor, que vive aquí, me va a hacer abuela en diciembre. El menor tiene tres años viviendo en Estados Unidos y la depresión está ahí, latente. ¿Que cómo la combato? Le pido a Dios que me de salud y que nunca me quite el entusiasmo, el deseo de sentirme viva.

“No solo soy actriz -prosigue-, también soy productora, pero cuando el director dice: ‘Vamos a ensayar’, para mí es tan terapéutico, tan sanador que yo digo que disfruto esto. Igual me pasó cuando hice la serie Bolívar, de Netflix, cuando llegué al decorado y vi al elenco con sus trajes y vestidos dije: ‘Dios, esto es lo que quiero hacer toda mi vida’. Uno de mis hijos me dice: ‘Ya, no trabajes más’. Y yo le digo que no. Ni que fuera millonaria, siempre voy a hacer algo porque es mi temperamento. Cuando uno va para grande tiene que conectar. A lo mejor no es lo que te va a dar más dinero, pero tenemos que buscar cosas que nos conecten con nuestro yo interior, con lo que vibremos. Y cuando hablo de depresión también me refiero a tristeza por el oficio porque los artistas estamos viviendo una situación muy particular. No quiero tirármela de dramática, pero a nivel mundial, uno de los sectores que ha sido más golpeado por la crisis económica y el Covid, ha sido el del arte y el entretenimiento, el de la cultura. Fíjate, nuestro país, teníamos cinco producciones en un año, una detrás de otra, novelas a la 1:00 pm, a las 2:00 pm, algunas veces, a las 3:00 pm, una infantil, una a las 9:00 pm, otra a las 10:00 pm. Sé que las cosas no serán como antes, pero sería bueno que pudiéramos tener una ventana para hacer series. A pesar de todo eso, siento que, a mis 60 años, estoy conectada con la alegría y la gratitud”.

Con información de: El Universal

¿Qué opinas de esto?