El pueblo de Los Altos de Sucre se encuentra en la frontera entre los estados Sucre y Anzoátegui, marcando el límite occidental de la entidad sucrense. Un apacible refugio apartado del bullicio de la ciudad, fácilmente accesible desde Cumaná (a 1 hora) y Puerto La Cruz (a pocos minutos).

Este remanso de paz se encuentra en un entorno de naturaleza casi virgen, un verdadero tesoro paisajístico ideal para los amantes del turismo de montaña. Su clima presenta una temperatura que oscila entre 14°C y 24°C durante todo el año. De día, la fresca brisa acaricia la piel mientras el sol ilumina el paisaje sin llegar a ser sofocante. Las noches frescas son perfectas para disfrutar de una cena al aire libre o simplemente relajarse bajo el cielo estrellado. La vegetación, en un suave abrazo, envuelve y reconforta, creando el ambiente ideal para relajarse y disfrutar de la naturaleza. Desde sus alturas, se despliega un panorama de ensueño: el mar Caribe se extiende ante tus ojos como un lienzo infinito, salpicado por las islas del Parque Nacional Mochima y la lejana península de Araya.

Aunque la agricultura ha sido tradicionalmente la base de su economía, los habitantes han logrado diversificar sus ingresos, impulsando con gran éxito el turismo como una nueva fuente de desarrollo. La calidez de sus habitantes hace que los visitantes se sientan como en casa en cualquier época del año. Aunque los fines de semana son especialmente animados, de lunes a jueves también encontrarás todos los servicios necesarios para disfrutar de tu estancia.


El Pueblo ha sido refugio de historias, testigo de los tiempos que amamantó los hechos de ser galardonado por los más exigentes gustos del mundo, por producir el sabor del café más exquisito con el más suave aroma. En la época colonial, el café, transportado en mulas por escarpados caminos de montaña, descendía hasta el puerto de Arapo para ser enviado a los exigentes consumidores de Europa y América del Norte. El café de Los Altos de Sucre, reconocido mundialmente por su exquisito sabor y aroma, ha sido desde siempre un tesoro local. Aunque su producción artesanal limita la cantidad disponible, cada taza sigue siendo una experiencia única para los paladares más exigentes.

Fotografías: turismo_ve

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