Urama es un caserío de la costa este del Litoral Central, un recodo del mar Caribe que no pocos se animan a definir como “el secreto mejor guardado”.

El poblado, que se ubica a dos horas y media de Caracas por vía terrestre, no es tan concurrido como su antecesor Todasana o los últimos de la parroquia Caruao –La Sabana, Caruao y Chuspa–, donde existe una mayor oferta de servicios turísticos para los temporadistas capitalinos y del estado Miranda.

Sin embargo, con sus uveros y vegetación xerófila, Urama adelanta el magnetismo que ejerce su cueva, la cual constituye una formación rocosa bañada de aguas cristalinas, no siempre dispuesta a mostrar el encanto: la marea determina su carácter.

«No solo es el secreto mejor guardado del Caribe, es el secreto de los dioses”, aseguró Olegario Laya, un pescador de 72 años de edad que reivindica los orígenes africanos de esta localidad.

Los 250 habitantes de Urama no escapan a las dificultades de un servicio de transporte público de autobuses y jeeps, además de las falencias de luz eléctrica y gas doméstico. Pero se prodigan en exaltar las bondades naturales de playa La Cueva.

“Es el legado que tenemos y cuidamos; queremos que la gente venga a conocer la cueva y también que pruebe los platillos del mar, con nuestros sabores tropicales”, expresó Edelmira Rico, quien administra una posada familiar.

De otro nivel

Aunque el recorrido hacia los pueblos de la costa este de Vargas pudiera resultar distante, los que llegan a Urama están convencidos de descubrir el azul y verde claro de las aguas que rodean la cueva.

«No es una playa exactamente para niños, hay mucha corriente, pero con tanta belleza, vale la pena venir”, explicó Eneida López, una enfermera que reside en el bloque 42 de la urbanización 23 de Enero, en Caracas.

El día en que esta visitante de 33 años de edad arribó a Urama fue advertida por su operador turístico sobre el aumento de la marea y la recomendación de no ingresar a la cueva. Lo hizo al día siguiente, con una temperatura de 38 grados centígrados, y sin sus dos hijos pequeños.

Quien desee vivir esa experiencia, debe caminar las arenas de la playa del caserío hasta la estructura natural de la cueva, que desciende desde las montañas y se interconecta con la ensenada marina.

Mientras un arco destaca entre sus rocas, el trayecto por la abertura debajo de la misma exige que haya que inclinar el cuerpo y, a la vez, verificar el choque permanente de las aguas con paredes y corales.

Fotografías: @playalacueva

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