Transitar por la vía pública, ya sea en un vehículo como a pie, exige ciertas normas de convivencia, que aseguran el orden y la seguridad en la calle. Pero no todos reaccionan igual, y la psicología estudia la forma de manejarse de cada individuo y lo que significa.

Agradecer cuando nos dejan cruzar la calle, es a veces un gesto espontáneo y natural. Sin embargo expresa mucho de nuestra personalidad, y marca la diferencia con la gente a la que no le nace reconocer la actitud de los demás.

Cuando un auto nos deja pasar, podemos seguir nuestro camino sin inmutarnos, pensando que pasar es nuestro derecho y ceder el paso la obligación del otro. Pero también podemos hacer un gesto, ya sea con la mano o con una leve sonrisa, para agradecer esa actitud, por más que las normas de tránsito indiquen que nos correspondía pasar.

Según la psicología, ese gesto refleja una actitud consciente hacia la convivencia social. Si bien se trata de una cortesía, que indica buena educación, también es un indicador de salud emocional y conexión con el entorno.

Para el psicólogo Robert Emmons, co-director del proyecto de gratitud del Greater Good Science Center, tomarse el trabajo de conectar con el otro y agradecerle es ver la vida con “ojos agradecidos”. Y eso implica reconocer nuestra interdependencia con los demás; entender que la vida no es algo que se nos debe, sino un regalo por el que podemos sentirnos agradecidos.

Con información de: La Nación

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