Aunque no se vea, el colchón acumula con el tiempo más que sueños: polvo, sudor, restos de piel muerta, ácaros y manchas que comprometen la higiene y la calidad del descanso. Y no, cambiar las sábanas no basta.
Cada noche pasamos entre 6 y 8 horas sobre él, lo que lo convierte en uno de los objetos más usados (y muchas veces menos cuidados) de la casa. Si no se limpia de forma regular, los problemas no tardan en aparecer: malos olores, alergias y un desgaste prematuro que puede evitarse con una rutina sencilla.
Lo ideal es hacer una limpieza profunda del colchón cada tres o seis meses. Si tienes alergias, conviene hacerlo incluso con más frecuencia. Entre limpieza y limpieza, puedes airearlo al cambiar las sábanas o usar bicarbonato para mantenerlo fresco y seco. Aspira bien ambos lados del colchón. Espolvorea bicarbonato y déjalo actuar al menos una hora. Vuelve a aspirar para eliminar restos y olores. Si hay manchas, límpialas con vinagre blanco y agua caliente con jabón neutro. Deja secar por completo antes de usarlo. Como consejo: hazlo en un día soleado y con buena ventilación para evitar humedad interior.
Las manchas amarillas suelen deberse al sudor y al paso del tiempo. Mezcla percarbonato sódico con agua caliente hasta formar una pasta, aplícala sobre la zona y deja actuar 15 minutos. Luego frota con un paño y aclara. Repite si es necesario. El bicarbonato es tu mejor aliado para quitar el mal olor de los colchones. Espolvorea una capa generosa, déjala actuar toda la noche y aspira al día siguiente. También puedes rociar con vinagre blanco diluido y unas gotas de aceite esencial para un efecto desodorizante.
Con información de: El Tiempo









