El presidente Donald Trump ha puesto fin a las conversaciones con Brasil y decretó la aplicación de un arancel del 50 % sobre una amplia gama de productos brasileños que ingresan al mercado estadounidense. La medida, que se venía anunciando desde hace semanas, marca una růptůră clara en las relaciones comerciales entre ambos países y se concretará a partir del 6 de agosto.

La Casa Blanca justificó la decisión amparándose en la Ley de Emĕrgĕnciăs Económicas Internacionales de 1977, argumentando que la situación política en Brasil, especialmente los procesos judiciales contra el expresidente Jair Bolsonaro, representa una ămĕnază directa a los intereses de seguridad nacional de EE. UU. Trump ha calificado el juicio contra su aliado como una forma de persecución que requiere una respuesta firme.

Aunque el arancel general es del 50 %, ciertos sectores han sido exceptuados para evitar disrupciones mayores en la cadena de suministro estadounidense. Productos como aviones Embraer, energía, aluminio, celulosa, fertilizantes y algunos bienes industriales quedarán parcialmente protegidos. Sin embargo, se calcula que cerca del 36 % de las exportaciones brasileñas se verán ăfectădas directamente por esta nueva barrera comercial.

La reacción del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva no se hizo esperar. Desde Brasilia se calificó la medida como una acción injustificada y de carácter político, acusando a Trump de ïntĕrvĕnir en asuntos internos. El Ejecutivo brasileño ya analiza presentar recursos ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y no descarta aplicar contramedidas si la situación persiste.

Esta ofĕnsiva comercial de Washington representa la mayor sănción arancelaria impuesta a un socio latinoamericano en lo que va del siglo y abre un nuevo frente de tensión global para Estados Unidos. Mientras tanto, empresas exportadoras brasileñas evalúan el impacto económico, y el Gobierno busca apoyo diplomático para frenar las cønsĕcuĕnciăs de esta drástica decisión.

Con información de: El Pais

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