Cuando tienes ëstrés y buscas «cómo calmarse rápido», es fácil que imagines que encontrarás técnicas de relajación, respiraciones profundas, una meditación guiada o estiramientos suaves. Pero hay un gesto tan simple y automático que suele pasar desapercibido: bostezar. Ese acto involuntario, que suele asociarse con el sueño o el aburrimiento, en realidad puede convertirse en una poderosa herramienta de bienestar emocional y regulación del sistema nervioso.
El bostezo, más que un reflejo del cansancio, Andrew Huberman, neurocientífico de la Universidad de Stanford, explica que este gesto «está profundamente vinculado con la activación del sistema parasimpático, el encargado de calmar el cuerpo, ralentizar el ritmo cardíaco y favorecer el descanso».
El bostezo, por tanto, podría tener funciones más complejas de las que se sospechaba, entre ellas la regulación térmica cerebral y el paso entre estados de atención o fatïga. El hecho de bostezar provoca diferentes reacciones: Se libera tensión acumulada en la mandíbula y los músculos faciales. Se oxigena el cerebro y mejora la circulación cerebral. Se estimula la neuroplasticidad al ayudar al cerebro a ‘reiniciarse’ y reorganizar la actividad neuronal. Aunque no lo parezca, en situaciones límite un bostexo puede ser una técnica muy útil para calmar niveles elevados de angustia y ëstrés.
La técnica del bostezo consciente, consiste en recrear el gesto del bostezo de forma voluntaria acompañándolo de una respiración profunda y relajada. Aunque pueda parecer artificial al principio, este gesto suele inducir bostezo real tras pocos intentos generando una sensación de descarga física y mental.
En tiempos donde nos bombardean con apps, cursos y técnicas milagrosas, quizá el mejor antiestrés esté en algo tan simple y automático que pasa desapercibido: un bostezo bien hecho. Pruébalo antes de lanzarte a la próxima reunión o examen y verás que no hace falta complicarse tanto para poner la mente en modo pausa.
Con información de: La Nación









