En el corazón de la dulcería criolla margariteña existe una joya con historia y sabor: el Piñonate. Este postre, cuyo epicentro de elaboración se encuentra principalmente en la población de San Juan Bautista, es más que un dulce; es una tradición culinaria que se ha transmitido de generación en generación en la Isla de Margarita.

El Piñonate es la adaptación local de un manjar colonial que ha evolucionado para incorporar los sabores tropicales de la isla. A diferencia del Piñonate español, hecho con piñones, la versión margariteña utiliza ingeniosamente la lechosa verde como ingrediente principal.

Sabor criollo con raíces europeas

El dulce se elabora mediante un proceso artesanal y laborioso que requiere de paciencia y fuerza, tradicionalmente considerado un trabajo de hombres en la comunidad. Sus componentes principales son:

  • Lechosa verde: Se utiliza la fruta inmadura, incluyendo la concha y, a veces, las semillas, lo que le otorga una textura firme.
  • Melado de papelón: Este almíbar, endulzado con papelón (panela o piloncillo), es cocido lentamente durante horas para lograr el punto perfecto.
  • Especias y naranja: Se complementa con cáscara de naranja y especias que enriquecen su sabor final.

Tras una larga cocción, la conserva resultante es extendida en tablas de madera para secar y luego es cortada en rectángulos que se envuelven en cachipos (la corteza exterior seca del tallo de la planta del plátano), lo que le da su presentación distintiva.

Un dulce de identidad cultural

La popularidad del Piñonate en Margarita no es casual. Su elaboración se ha convertido en un símbolo cultural tan importante que anualmente se celebra la Feria del Piñonate en Fuentidueño (San Juan Bautista) con el objetivo de preservar esta valiosa tradición neoespartana.

Noticias 24hrs

¿Qué opinas de esto?