En el corazón del ecosistema tecnológico más influyente del mundo, se está gestando una revolución cultural silenciosa: los jóvenes emprendedores están abandonando el consumo de alcohol como eje social para enfocar su energía en la productividad y la salud mental. Esta transformación no aparece por azar, sino como reflejo de valores compartidos dentro de la Generación Z, quienes reinterpretan el éxito profesional.
Para muchos fundadores emergentes, el acto de “salir de copas” ha sido reemplazado por jornadas de trabajo intensas, gimnasios y eventos enfocados en innovación. Figuras como Marty Kausas quien confesó trabajar hasta 92 horas semanales sin vacaciones destacan que para ellos, el verdadero disfrute no está en la bebida sino en crear.
Este cambio no se limita a experiencias anécdoticas: las estadísticas muestran que desde 2011, el consumo de alcohol entre la Generación Z ha descendido un promedio del 4,5 % cada año en EE. UU., una tendencia que también se repite en Europa. Incluso los eventos del sector tecnológico han modificado su protocolo, eliminando el alcøhol de sus reuniones.
Aunque algunos críticos advierten riesgos de desgaste por el enfoque extremo en el trabajo, sus defensores sostienen que esta nueva sobriedad no impide el ocio, sino que lo redefine: en vez de salir de fiesta, la conexión entre colegas ahora ocurre en espacios de discusión, ejercicio o incluso emprendimientos sociales.
Con información de: El Cronista









