Miguel López tiene 50 años y Rebeca Cernadas 35, una diferencia de edad que para algunos podría ser una barrera. Pero ellos han tenido que saltar tantas a lo largo de la vida que, cuando se cita esa distancia generacional, ella suelta una carcajada y una frase zalamera que a él le hace sonreír: «Yo es que prefiero un hombre maduro».
Ella está diagnosticada de esclerosis múltiple desde los 17 años, y ahora, con un 83% de dïscapacïdad, apenas puede ponerse de pie si no es con ayuda de unas barras que tiene en su habitación. El resto del día está sentada en una silla eléctrica que, según asegura, «le permite hacer de todo, porque no se quiere perder nada».
Miguel comparte con Rebeca la misma enfêrmëdad, y también descubrió muy temprano, a los 16, que algo iba mal. «Me di cuenta de camino al instituto, una pierna se me arqueó así, sin más, y no era capaz de abrir una mano. Como era joven, me mantenía relativamente estable y, bueno, pude hacer una vida: estudié arquitectura técnica, trabajé, me casé, luego me separé, hasta que en el 2006 la enfêrmëdad se fue complicando y ya me cansaba mucho al caminar», apunta Miguel, que desde el 2019 usa la silla motorizada, aunque en casa puede estar de pie con un andador, porque mantiene cierta independencia dentro de un 79% de dïscapacïdad.
Rebeca, cuenta cómo se conocieron: «El amor surgió en una merienda con la Asociación de Esclerosis Múltiple de A Coruña, fue en el 2019; bueno, ahí fue cuando nos vimos por primera vez, yo tenía 29 años, y quería conocer a gente que estuviera pasando por lo mismo que yo, porque justo empezaba a usar la silla motorizada. Yo primero anduve con muletas, después con andadores, más tarde con silla manual hasta llegar a este punto en el que me encuentro ahora». Cuando ella estrenaba la silla motorizada y, sin querer, lo «atropelló» a él, que también se ve obligado a usarla. Desde entonces viven un amor excepcional.
«Le hemos cambiado el valor a la vida, la vemos diferente, cada día queremos hacer lo que no hicimos ayer, que no nos quede nada en el tintero, queremos aprovechar al máximo. Hay días que tenemos la agenda cargadísima, que si fisio, que si piscina, vamos a vela adaptada gracias a la Asociación María José Jove, manualidades. Nos apuntamos a todo, buscamos distraernos, hacer cosas», señala Rebeca, que sabe, como Miguel, cuánto cuesta saltar una barrera.
Con información de: La Voz









