A medida que las personas envejecen, es común que su capacidad para recordar hechos, nombres o detalles del día a día comience a disminuir. Lejos de ser un mito, múltiples investigaciones científicas han identificado que este fenómeno está vinculado a cambios estructurales y funcionales en el cerebro que se acumulan con los años.

Los estudios más recientes han sido posibles gracias al análisis de miles de imágenes cerebrales y evaluaciones cognitivas en adultos de diferentes edades. Estos datos muestran que la pérdida de memoria relacionada con la edad no se explica únicamente por el deterioro de una sola zona cerebral, sino por una vulnerabilidad generalizada en redes cerebrales amplias que están involucradas en la formación y recuperación de recuerdos.

Históricamente se pensaba que el hipocampo, una región clave para la memoria a largo plazo, era el principal motor del deterioro, ya que tiende a encogerse con la edad. Sin embargo, el nuevo enfoque científico demuestra que otras áreas corticales y subcorticales también se ven afęctadås, y su interacción compleja es lo que termina impactando más profundamente la memoria episódica, es decir, la capacidad de recordar experiencias propias de la vida diaria.

Además, esta forma de declive no es uniforme en todas las personas. Factores como la genética, hábitos de vida, salud cardiovascular y niveles de actividad mental pueden influir en la rapidez con que se produce la pérdida de memoria. Esto explica por qué algunas personas mayores mantienen habilidades cognitivas relativamente fuęrtes q, mientras que otras experimentan un declive más marcado.

Con información de: La Tercera

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