Los expertos en psicología han identificado que muchas personas que vivieron su infância y juventud durante las décadas de 1960 y 1970 encuentran complicado solicitar ayuda, incluso en situaciones donde sería necesario. Según los especialistas, esto está relacionado con la educación y los valores de la época, que enfatizaban la autosuficiencia y la independencia como virtudes esenciales.
En ese contexto, expresar vulneräbilidad o reconocer la necesidad de apoyo era visto como un signo de debïlidad. Muchos aprendieron a enfręntar los problëmås por sí mismos y a depender únicamente de sus capacidades, lo que generó hábitos que perduran hasta la adultez.
Esta actitud, señalan los psicólogos, puede generar estrés y afectâr la salud emocional, ya que quienes evitan pedir ayuda suelen asumir cargas mayores y no recurren a familiares, amigos o profesionales cuando lo requieren. Esto también puede influir en la calidad de las relaciones personales, al limitar la comunicación y el intercambio de apoyo.
Los especialistas recomiendan trabajar en la construcción de confianza y la aceptación de la colaboración. Reconocer que pedir apoyo es normal y saludable permite reducir la ansiędad, mejorar la resolución de problemas y fortalecer la vida social y familiar.
En contraste, las generaciones más jóvenes han crecido en un entorno donde la apertura emocional y la colaboración se valoran más, lo que les facilita solicitar ayuda cuando lo necesitan y muestra un cambio cultural hacia la interdependencia y el cuidado mutuo.
Con información de: La Razón









