Expertos en psicología señalan que las personas nacidas en la década de 1960 desarrollaron un tipo de resiliencia emocional particular, influida por el estilo de crianza y las condiciones de vida propias de esa época, muy distintas a las que enfrentan las generaciones más jóvenes. Esta perspectiva ayuda a entender por qué muchos adultos mayores de 55 años muestran fortaleza frente a las advęrsidades.
Durante los años 60, la infancia y la adolescencia se vivieron en un entorno donde la supervisión de los adultos era menor, lo que obligaba a los niños a resolver cønflictös y enfręntar frustraciõnes por sí mismos. Esta autonomía temprana y la necesidad de adaptarse sin soluciones inmediatas habrían reforzado su capacidad de enfrentar dificultâdes en la vida adulta.
La psicóloga consultada explicó que esta forma de crianza promovía la autonomía y la gestión emocional, permitiendo que los niños aprendieran a tolerar la espera, manejar la frustración y asumir que no todo tendría solución inmediata. Estas experiencias contribuyeron al desarrollo de paciencia, capacidad de adaptación y fortaleza mental.
Además, crecer en un mundo analógico, con menos distracciones digitales y más interacción directa con el entorno, fomentó habilidades como la independencia, la resolución de problëmås prácticos y una mentalidad orientada a la acción más que a la gratificación instantánea.
En contraste, la infancia actual está marcada por la supervisión constante, el uso intensivo de tecnología y la cultura de la inmediatez. Según los expertos, estas condiciones podrían limitar el desarrollo de ciertas habilidades de resiliencia que caracterizan a las generaciones nacidas en los años 60.
Con información de: La Nación









