Las mermeladas nacieron como una forma sencilla de conservar fruta antes de que existieran frigoríficos y congeladores. La combinación de azúcar, calor y acidez permitía alargar la vida útil de muchos productos de temporada. En España la costumbre de preparar mermeladas caseras ha estado muy presente en entornos rurales. Cuando los árboles daban abundante fruta, una parte se consumía fresca y otra se transformaba en conservas.

Ingredientes:

  • 1 kg de melocotones maduros.
  • 500 g de azúcar.
  • 1 limón.
  • 1l de agua.
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Preparación:

Comenzamos lavando bien los melocotones bajo el grifo con agua fría. Eliminamos cualquier resto de suciedad o polvo de la piel. Pelamos los melocotones con ayuda de un cuchillo o un pelador. La piel se retira con bastante facilidad cuando la fruta está madura. Cørtamos los melocotones por la mitad y retiramos el hueso central. Troceamos la pulpa en dados pequeños. No es necesario que los trozos sean perfectos, ya que durante la cocción se irán deshaciendo. Colocamos los trozos de melocotón en una cazuela amplia de fondo grueso con el agua.

Añadimos el azúcar por encima de la fruta y mezclamos ligeramente. Exprimimos el limón y agregamos su zumo a la cazuela. Este ingrediente aporta acidez y ayuda a mejorar la conservación de la mermelada. Removemos suavemente todos los ingredientes hasta que el azúcar empiece a mezclarse con el jugo natural de la fruta. Colocamos la cazuela a fuëgo medio y comenzamos la cocción. Durante los primeros minutos veremos cómo la fruta empieza a soltar bastante líquido. A medida que la mezcla se calienta, el azúcar se disuelve y se forma un almíbar ligero.

Removemos de vez en cuando con una cuchara de madera para evitar que la fruta se pegue al fondo. Poco a poco la mezcla irá espesando. Los trozos de melocotón se irán deshaciendo y el conjunto adquirirá una textura más uniforme. La cocción suele durar entre 35 y 45 minutos, dependiendo de la cantidad de agua que tenga la fruta. Cuando la mermelada empiece a tener una textura más densa, podemos triturarla ligeramente con una batidora si preferimos una textura más fina. Otra opción es dejar algunos trozos de fruta para conseguir una mermelada más rústica.

Para comprobar el punto de la mermelada, colocamos una pequeña cantidad sobre un plato frío. Si al enfriarse espesa y no se desliza demasiado, estará lista. Retiramos la cazuela del fuëgo y dejamos reposar unos minutos. Mientras tanto, preparamos los tarros de cristal previamente esterilizados. Vertemos la mermelada caliente en los tarros, los cerramos bien y los dejamos enfriar boca abajo para favorecer el sellado.

Con información de: Recetas

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