Nos hemos convertido en los mejores directores de cine de nuestra época. Enviamos un mensaje importante y a los pocos minutos ya estamos comprobando si lo han leído. Si no nos contestan, empezamos a montarnos una película sobre qué está ocurriendo. Tenemos, tal y como dicen los psicólogos, intolerancia a la incertidumbre, y es un talón de Aquiles de nuestra generación cada vez más común.
Tendemos a pensar que la clave de nuestra fuerza mental está en la resiliencia. En cómo aguantamos esas horas, días o semanas posteriores a los golpes que nos va pegando la vida en forma de despidos, de perder a una persona querida, o de simplemente chocarnos contra una pared. Pero lo que hacemos en realidad no es lidiar con ello, es rellenar huecos con distracciones o explicaciones inventadas. Cuando Bill Gates abrazó sus «think weeks», fue cuando realmente catapultó al éxito a Microsoft, demostrando con ello el potencial de ese camino que estamos evitando transitar.
Ante los mensajes que esperamos con ansiedad, la idea de dejar el teléfono en otra habitación para evitar recurrir a él no parece descabellada. Y frente a la incertidumbre de qué va a ocurrir a continuación, tal vez repetirnos mentalmente algo en plan «no lo sé» termina siendo mejor que jugando a ser Spielberg con nuestro futuro.
Con información de: La Vanguardia









