La idea de usar ajo en las plantas de los pies para «reforzar el sistema inmune” suena interesante, pero hay que ponerla en contexto real. El ajo sí contiene compuestos como la alicina, conocidos por sus propiedades antimicrobianas. Pero eso funciona principalmente cuando se consume, no cuando se aplica en la piel.

Absorción por la piel: es limitada. La piel actúa como barrera, no como vía directa al torrente sânguíneo para este tipo de compuestos. Llega a los pulmones o limpia bactêrias. Sensación o efectos percibidos: pueden deberse al olor fuerte o a la sugestión, no a un efecto sistémico real.

Sí es cierto que al aplicar ajo en la piel puedes percibir su olor en el aliento horas después, pero eso ocurre por metabolitos volátiles, no porque esté «limpiando el cuerpo desde los pies». Si buscas beneficios reales del ajo, la forma efectiva sigue siendo consumirlo dentro de una dieta equilibrada.

Con información de: AARP

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