Más de 27 millones de ciudadanos peruanos están convocados a las urnas este domingo para definir, en una crucial segunda vuelta electoral, al próximo mandatario o mandataria que liderará el periodo constitucional 2026-2031. El proceso expone nuevamente la profunda fractura política y social de la nación andina, que llega a esta instancia tras una primera vuelta que dejó un panorama de extrema dispërsión entre 35 postulantes iniciales.

El balotaje pone frente a frente a la conservadora de derecha Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, y al progresista Roberto Sánchez, abanderado de Juntos por el Perú. Ninguno de los dos candidatos logró superar el 18% de los sufragios de forma individual el pasado 12 de abril, acumulando apenas un 29% de respaldo conjunto. Esta situación revive la clásica polarización entre el fujimorismo y el antifujimorismo, evidenciando un mapa electoral marcadamente dividido entre el apoyo de Lima y la costa frente al descontento de las regiones del interior y el sur del país.

El peso del antivoto y la indecisión

La normativa electoral establece que el nuevo gobernante se definirá por mayoría simple. En un escenario sumamente parejo, las últimas proyecciones otorgan a Fujimori un 36,64% de la intención de voto, seguida muy de cerca por Sánchez con un 33,74%.

Con un alto porcentaje de votos blancos, nulos e indecisos que supera el 30%, analistas coinciden en que la victoria no dependerá de las propuestas propias, sino de la capacidad de capturar el «antivoto» y convencer a los ciudadanos que buscan frenar el modelo del contrincante. Los centros de votación permanecerán abiertos durante la jornada de este domingo bajo un estricto monitoreo nacional e internacional.

Con información: VN

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