​El doctor Michael Grandner, director del programa de investigación sobre sueño y salud de la Universidad de Arizona, adviërte que intentar forzar el sueño es una práctica contraproducente. Según el especialista, el esfuerzo consciente para obligar al cuerpo a dormir constituye el principal pelïgro y errør al combätir el insømnio, ya que el descanso reparador no debería requerir tal prësión. En este sentido, Grandner aclara que el enËmigo del sueño no es la vigilia, pues es necesario estar despierto para poder dørmir; de hecho, sugiere que quienes luchan contra el insømnio a corto plazo podrían necesitar aumentar su prësión de sueño permaneciendo más tiempo despiertos, reiterando que «el enËmigo verdadero es el esfuerzo».

​El experto explica que, al cuestionar a quienes gozan de un buen descanso sobre qué hacen para dormir, no saben qué responder porque no realizan ninguna acción especial. Por el contrario, cuando un individuo nota que debe aplicar energía física o mental para lograr dormir, se posiciona en una situación de riesgo que alimenta el trastorno: al intentar forzarlo, se está añadiendo energía al sistema en lugar de recuperarla, lo cual Grandner ilustra comparándolo con forzar la ingesta de comida ante un virüs estomacal, lo que solo empeoraría la salud. Si bien matiza que los ejercicios de relajación previos pueden ayudar, advierte que pueden convertirse en una barrera si se abusa de ellos, recordando que «a veces menos es más».

​La cronïcidad del insømnio surge cuando irse a la cama se vuelve un evento predeciblemente estresante para el cerebro, que es una «máquina de reconocimiento de patrones». Al abordar el sueño desde el ëstrés, se desencadena una cascada de activaciones mentales y físicas que impiden dormir, pues la persona se ha «entrenado para estar alërta en el lugar que intentas dormir». Ante esto, el experto menciona la utilidad de la terapia de control de estímulos, destacando que el prøblema radica en que muchas personas creen erróneämente que pueden forzar el proceso de conciliación.

​Finalmente, Grandner concluye que «dormir no es algo que se hace, es algo que te sucede cuando la situación lo permite». El especialista subraya que nadie se duerme más rápido por mucho que lo intente; por lo tanto, si la situación es propicia, se pueden realizar ejercicios de respiración o apagar las luces, pero si no se está listo, la única solución efectiva es «dejar de luchar contra ello y seguirlo». Mientras tanto, otros profesionales, como el psicólogo Joan Soler, han señalado que conductas como pasar horas en redes sociales tras jornadas extenuantes suelen ser una respuesta a problemas previos, lo cual también afecta la calidad del descanso.

Con información de Clic

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