Caminar con las manos entrelazadas tras la espalda se ha asociado culturalmente con la serenidad y el pensamiento profundo. Un estudio publicado en la revista Experimental Brain Research, llevado a cabo por los investigadores Helge Gillmeister (Universidad de Essex) y Bettina Forster (City University London), sugiere que la postura de los brazos modifica directamente la forma en que el cerebro distribuye su atención.

Mediante registros de electroencefalografía en participantes con los ojos vendados, los científicos observaron que la atención táctil se activa con mayor rapidez cuando las manos se mantienen juntas detrás del cuerpo, una respuesta inversa a la que se presenta cuando las extremidades están ubicadas al frente.

Los autores concluyeron que el cerebro mapea dinámicamente el espacio peripersonal, ajustando sus prioridades sensoriales según la posición del cuerpo. Sin embargo, los investigadores aclararon que el estudio midió exclusivamente mecanismos de procesamiento sensorial, sin evaluar estados emocionales como la calma o la introspección.

Esta línea de investigación se enmarca en la cognición corporeizada (embodied cognition), disciplina que sostiene que la mente interactúa de forma constante con la postura y el movimiento. En este ámbito, trabajos de la Universidad de Stanford liderados por Marily Oppezzo y Daniel Schwartz determinaron que caminar incrementa la generación de ideas creativas en un 60 % en comparación con permanecer sentado.

De igual forma, investigaciones de la VU University Amsterdam a cargo de Lotte Veenstra mostraron que una postura encorvada dificulta la recuperación del ánimo tras un estado negativo, a diferencia de mantener una postura erguida.

A pesar de estos hallazgos sobre la influencia del cuerpo en los procesos cognitivos y emocionales, los expertos piden cautela frente a las interpretaciones absolutistas. Un análisis publicado en Perspectives on Psychological Science por Patterson, Fridlund y Crivelli enfatiza que adjudicar significados universales al lenguaje corporal es una idea errónea de la psicología popular, ya que el contexto social y la cultura son factores determinantes en la interpretación de cada gesto.

Foto cortesía de Envato

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