El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha impulsado un acercamiento histórico con la Unión Europea con el objetivo de elevar las relaciones bilaterales a un nivel superior. Esta ofensivä diplomática responde al complejo escenario derivado de la guerra comercial con Estados Unidos y busca afianzar alianzas estratégicas al otro lado del Atlántico.
Para concretar la iniciativa, Carney encomendó a su enviado especial para Europa examinar opciones ambiciosas que eviten la membresía formal en el bloque o en su mercado común. Entre las propuestas destaca la adopción de un estatus inédito de «miembro asociado», enfocado en integrar informalmente a Canadá en áreas como energía, inteligencia artificial, minerales críticos, semiconductores y defensa.
El plan contempla agilizar el flujo de mercancías y servicios, facilitar la residencia y trabajo para personal cualificado canadiense sin visado e incorporar a Ottawa al programa continental de intercambio estudiantil. Además, se pretende impulsar proyectos tecnológicos conjuntos que fortalezcan la competitividad de ambas economías.
A pesar del impulso político, la propuesta enfrenta escepticismo en Bruselas, donde diez Estados miembros aún no ratifican el tratado comercial vigente desde hace una década. Asimismo, la diplomacia comunitaria teme que conceder condiciones demasiado ventajosas a un país externo siente un precedente riesgosø tras la experiencia del Brexit.
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