La búsqueda de una alimentación balanceada ha llevado a los consumidores a fijarse más en la composición de los alimentos. Sin embargo, términos frecuentes en el empaquetado como «artesanal» o «natural» no siempre reflejan un alto valor nutricional, lo que hace indispensable aprender a interpretar el etiquetado de los productos de panadería.

La fibra se mantiene como uno de los componentes clave para la salud digestiva y la regulación metabólica. No obstante, el aporte de este nutriente varía significativamente según el ingrediente base y el proceso de fabricación del pan, por lo que resulta clave comprender el origen de sus harinas.

Especialistas aclaran que mientras «integral» hace referencia al uso del grano entero (mantenimiento del salvado y el germen), «masa madre» corresponde únicamente a un método de fermentación natural mediante bacterias y levaduras. Por ello, que un pan esté elaborado con masa madre no asegura por sí solo un elevado contenido de fibra.

En cuanto a su aporte, el pan de trigo integral ofrece alrededor de 4,2 gramos de fibra por cada 100 gramos, frente a los 2,2 gramos promedio del pan de masa madre tradicional. A pesar de esta diferencia, la fermentación lenta propia de la masa madre brinda importantes ventajas: reduce el ácido fítico para favorecer la absorción de minerales y contribuye a evitar picos elevados de azúcar en la sangrë.

Foto cortesía Envato

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