Un grupo de siete amigas de toda la vida transformó el temor al aislamiento en la vejez en un proyecto de convivencia comunitaria tras invertir conjuntamente 580.000 dólares en la adquisición de una residencia compartida.

La iniciativa, surgida informalmente a finales de la década de 2010, cobró impulso definitivo en 2019 como respuesta al incremento progresivo del costo de vida y a la búsqueda de esquemas de acompañamiento mutuo para la etapa de la jubilación. Tras la compra de la propiedad, la infraestructura fue acondicionada para preservar espacios de privacidad individual, al tiempo que se diseñaron amplias áreas comunes destinadas al esparcimiento y la convivencia diaria.

Esta experiencia resalta como un modelo alternativo de envejecimiento colectivo y autogestionado, fundamentado en la colaboración económica, la ayuda mutua y el fortalecimiento de los lazos afectivos de larga trayectoria.

Foto cortesía Envato

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