En la parroquia El Valle, el silencio de un hogar ocultaba años de agresiones. Una adulta mayor de 85 años alzó la voz para denunci@r el calvario que vivía bajo su propio techo: era víct1m@ de maltr@to físico y verbal por parte de su hija (62) y su nieto (43).
El nieto, bajo los efectos del @lcoh0l y sustancias ilícit@s, generaba constantes conflict@s y robaba enseres para costear su consumo. Por su parte, la hija, en un intento de protegerlo, terminaba @grediendo a su propia madre cuando esta exigía orden en la casa.
La intervención que cambió la historia…
Gracias a la Policía Comunal y al oficial Armando Figueroa, junto con el apoyo del INAS, se activó una sala de resolución de cÖnflictos. El panorama era complejo: una familia marcada por la disfuncionalidad y la enfermed@d de la @d1cción.
Los acuerdos alcanzados:
Rehabilitación: El nieto aceptó voluntariamente ser trasladado a un centro especializado en La Guaira para tratar su adicción.
Cese de violenci@: La hija firmó un acta de conciliación comprometiéndose a no volver a @gredir a su madre y a recibir terapia psicológica.
Protección: La integridad física de la abuela fue establecida como un punto no negociable, con seguimiento estricto de las autoridades.
Este caso nos recuerda que la violËncia de género y el maltr@to al adulto mayor tienen consecuencias legales, pero también que la mediación y el acompañamiento profesional pueden romper ciclos de dolÖr.
Con información de: Últimas Noticias









