Los gatos dedican hasta un 8% de su tiempo de vigilia a lamerse, un hábito de aseo que también trasladan a los humanos como parte de su repertorio social. Según expertos en etología felina, esta conducta abarca desde la consolidación de vínculos afectivos hasta la búsqueda de atención aprendida, la exploración olfativa o la marcación territorial.
Organizaciones como Cats Protection y PetMD señalan que el lamido entre miembros de una misma comunidad refuerza la cohesión del grupo, por lo que, al dirigirlo hacia sus tutores, el felino suele expresar confianza, afecto o una intención manifiesta de integrar a la persona dentro de su mapa de referencias olfativas.
El punto geográfico del cuerpo al que el animal dirige sus lamiendo ofrece pistas específicas sobre su motivación. Lamer las manos o el cabello suele responder a la curiosidad por rastros de alimentos, cosméticos o sudor, mientras que el contacto en el rostro reproduce patrones de acicalamiento mutuo entre animales con un vínculo estrecho.
Asimismo, el especialista David Sands destaca que esta acción permite reemplazar olores externos con la propia saliva del minino para afianzar un olor grupal compartible. No obstante, las reacciones de los tutores como acariciar o hablarle al animal en ese instante pueden reforzar la repetición del hábito al ser interpretadas como una recompensa.
Pese a ser una manifestación habitual, el lamido recurrente o repentino puede responder a cuadros de estrés, ansiedad o problemas de salud como náuseas y dolores físicos. En estos escenarios, veterinarios de VCA Animal Hospitals sugieren una evaluación médica si la conducta se vuelve compulsiva.
Finalmente, los especialistas advierten sobre los riesgös de infeccïón al permitir que los gatos laman heridäs abiertas debido a la presencia de bacterïas bucales, al tiempo que alertân sobre la posible ingesta tóxicâ por parte del felino al entrar en contacto con cremas, lociones o productos dermatológicos aplicados en la piel humana.
Foto cortesía Envato








