Lo que antes parecía ciencia ficción, la posibilidad de borrar recuerdos, está cada vez más cerca de la realidad. Investigadores japoneses han logrado avances significativos en experimentos con ratones, demostrando que es posible eliminar recuerdos concretos sin afectar otras funciones cerebrales. Estos hallazgos, aunque aún no son aplicables en humanos, representan un hito crucial para el futuro desarrollo de tratamientos contra traumas, fobias y adicciønes.
Un equipo de la Universidad de Tokio utilizó una técnica llamada optogenética, que combina la genética y la luz, para manipular la memoria motora. Los científicos marcaron las sinapsis neuronales creadas durante un aprendizaje motor y luego aplicaron luz azul sobre estas conexiones. El resultado fue asombroso: las sinapsis se encogieron y desaparecieron, haciendo que los ratones olvidaran el movimiento aprendido.
Este descubrimiento también reveló que solo un pequeño porcentaje de neurønas (entre 10 % y 20 %) participa directamente en la formación de este tipo de memoria, sugiriendo que el cerebro utiliza grupos de células muy específicas. Por otra parte, un estudio de la Universidad de Tohoku se centró en los astrocitos, células de apoyo para las neurønas. Los investigadores descubrieron que al alterar el equilibrio químico de estas células, podían modificar recuerdos emocionales.
Cuando los astrocitos se acidifican tras una experiencia traumática, los ratones olvidan el recuerdo a largo plazo. En cambio, si se alcalinizan, la memoria negativa se hacía más fuerte. Este hallazgo subraya la importancia de las células de apoyo en la forma en que el cerebro procesa y retiene los recuerdos emocionales. Los expertos advierten que, a pesar de los prometedores resultados, estas investigaciones están en sus primeras etapas y se han realizado exclusivamente en animales bajo condiciones de laboratorio.
Con información de: Q’Pasa









