Varios países europeos y del resto del mundo han iniciado una repatriación histórica de sus lingotes de oro custodiados en el extranjero. Esta movilización masiva de activos marca un cambio de paradigma en la economía global, motivado por una profünda desconfianzas y en el sistema financiero tradicional.
Durante décadas, las bóvedas de Londres y Nueva York funcionaron como los lugares más seguros para el resguardo de este valioso metal precioso. Países como Francia y Alemania confiaban plenamente en la neutralidad de estas entidades occidentales surgidas tras la Segunda Güerra Mundial.
No obstante, las crecientes tensiones globales transformaron un proceso logístico rutinario en una estricta decisión de soberanía financiera. Actualmente, se evidencia una reducción progresiva de las reservas resguardadas en el extranjero para evitar bloqueos internacionales en territorio foráneo.
Una encuesta del Consejo Mundial del Oro reveló que el 19% de los bancos centrales aumentó el almacenamiento doméstico. Este incremento representa un salto drástïco frente al 7% registrado el año anterior, consolidando la tendencia de protección dentro de las propias fronteras.
Expertos explican que las preocupaciones geopolíticas y el temor a perder acceso a los activos impulsan este comportamiento. El quiëbre definitivo de confianza ocurrió tras la congëlación de reservas rusas en 2022, enviando un mensaje de alërta a numerosos países sobre sus recursos
Con información de El Economista









