La tensión geopolítica y económica entre la Unión Europea y China alcanzó un nuevo punto crítico tras la aprobación del vigesimoprimer paquete de sanciones del bloque comunitario contra Rusia. La inclusión de 14 empresas chinas acusadâs por Bruselas de colaborar con la economía e industria militar rusa desencadenó una respuesta inmediata por parte de Pekín, que calificó las medidas de «aberrantës» e impuso contundentes represalias comerciales.
En represalia, el Ministerio de Comercio de China aplicó estrictos controles de exportación contra 14 compañías europeas de los sectores de defensa, electrónica y tecnología, entre las que figuran firmas emblemáticas como la alemana Rheinmetall, la italiana Lafert y la francesa Cavok UAS. Estas restricciones prohíben a los operadores chinos suministrar productos y tecnologías de doble uso —con aplicaciones tanto civiles como militares— a las entidades sancionadas, una medida que Pekín justificó bajo el argumento de proteger su seguridad e intereses nacionales.
Este intercambio de sancionës profundiza la fricción en un contexto económico de por sí complejo, marcado por el temor europeo a una dependencia excesiva del mercado asiático. La brecha comercial entre ambas potencias continúa ampliándose, registrando en 2025 un déficit de bienes para la Unión Europea que ascendió a los 359.000 millones de euros, lo que representa un incremento del 15% respecto al año anterior.
Analistas internacionales señalan esta maniobra como la respuesta más directa y contundente del Gobierno chino contra las políticas del bloque comunitario hasta la fecha. Mientras Bruselas endurece su postura proteccionista, desde Pekín advierten que las trabas comerciales responderían más a una falta de innovación y apertura dentro de los propios mercados europeos que a los temores de seguridad argumentados por la UE.
Con información de Últimas Noticias









