Y es que, más de la mitad de la población, el 60 %, parece que no hace realidad este deseo, es decir, no tienen la costumbre de echarse la siesta. Así se reflejaba en el Primer estudio sobre salud y descanso, elaborado por la Fundación de Educación para la Salud del Hospital Clínico San Carlos (FUNDADEPS) y Asociación Española de la Cama (Asocama), en 2009. El trabajo no entra en las motivaciones que hay detrás. Es decir, no sabemos a ciencia cierta si el que no se echa la siesta es porque no quiere, o porque no puede.

En cualquier caso, si fueran las obligaciones laborales o personales la razón por la que ese 60% no se echa la siesta, no habría nada que hacer. Pero, si se dispusiera de un paréntesis en la jornada laboral lo suficientemente ancho como para echarse un ratito, quizá los motivos de salud que apuntan los expertos les resultaran 100% convincentes. En relación a estos beneficios, lo más relevante es que, según los expertos, para poder disfrutarlos hay que cumplir ciertos requisitos.

“La evidencia científica dice que una siesta breve puede mejorar la atención, el rendimiento cognitivo y la sensación de descanso, siempre que se realice de forma adecuada”, apunta la Dra. Lidia Leticia Lithgow Jiménez, miembro del Grupo de Residentes y Jóvenes Especialistas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). En concreto, “la siesta ideal debería durar entre 10 y 20 minutos. Este tipo de descanso breve permite recuperar energía y mejorar la concentración sin entrar en fases profundas del sueño”, señala la experta.

Y añade: “Cuando la siesta se prolonga más de 30 o 40 minutos, es más probable despertar con inercia del sueño, una sensación de aturdimiento o somnolencia que puede afectar al rendimiento durante un tiempo”. Además de la duración ideal, también es determinante el ambiente. Así, según la experta, “lo importante es que el entorno sea cómodo y tranquilo, con luz tenue, poco ruido y una temperatura agradable.

Muchos especialistas recomiendan incluso usar un sillón o sofá reclinable para evitar que el descanso se prolongue demasiado”. En cuanto a la hora idónea, “la mejor franja para la siesta suele situarse entre las 13:00 h y las 16:00 h, cuando el organismo experimenta un descenso natural de la alerta dentro del ritmo circadiano. Dormir demasiado tarde puede dificultar la conciliación del sueño nocturno, en personas que süfren de insomnio”, advierte.

Con información de: El Tiempo

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