El fútbol nos regala momentos que van mucho más allá de un resultado en el marcador. Ocurrió al término de un amistoso previo al Mundial entre Argentina e Islandia. La escena parecía la de siempre: el pitido final, el tumulto de jugadores y alguien que se acerca con timidez al ’10’ buscando el tesoro más codiciado del planeta fútbol: su camiseta.
Sin embargo, esta vez la historia tenía preparado un guion diferente.
Quien se aproximaba a Leo Messi no era un fanático cualquiera ni un rival ordinario. Era Daníel Gudjohnsen. Para el mundo, un joven futbolista islandés; para Leo, un viaje inmediato en el tiempo.
Un reencuentro 17 años después
Daníel es hijo de Eidur Gudjohnsen, el mítico delantero que compartió vestuario, risas y celebraciones con un jovencísimo Messi en el FC Barcelona hace ya 17 años.
- Ver reflejado el rostro de un viejo amigo y compañero en las facciones de su hijo debió ser un cortocircuito de nostalgia para el capitán argentino.
Para Leo, que lleva toda una vida recibiendo el cariño y la admiración del mundo entero, este momento tuvo una magia especial. No se trataba de la clásica petición de un fan, sino de un abrazo del destino: el respeto y la admiración de una nueva generación que lleva en su ADN los recuerdos de aquellos maravillosos años en el Camp Nou.
Esta imagen quedará guardada para toda la vida en el archivo de los momentos más puros del deporte. Nos recuerda que, aunque pasen los años, cambien las camisetas y las piernas pesen un poco más, el fútbol sigue siendo un pañuelo.
Para Leo, seguro que no fue una camiseta más entregada. Fue el recordatorio de que aquel chico que empezaba a deslumbrar en Barcelona ahora es el espejo en el que se miran los hijos de sus propios amigos. Una locura hermosa que solo este deporte puede provocar.
Con información y video de: El Golazo
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