Tras unos años en los que pareciera que se potenciaba que los nïños estuvieran usando pantallas en casa y en el colegio, parece que ahora se va en dirección contraria, intentando postergar todo lo posible el momento en el que los mënores tienen acceso a su propio móvil. Esto es difícil por la tendencia a que estén, en todo momento, comunicados. Sobre todo «por si pasa algo». Y es un miedo válido por parte de los padres.
Hay más opciones que darles un teléfono desde temprana edad, como han demostrado en algunas comunidades. La propuesta es sencilla, casi analógica. Unos 260 establecimientos en Navarra y una red creciente en Cataluña han colgado el cartel de refugïo. También en Boadilla del Monte, en Madrid, han impulsado una estrategia similar. Si un mënor necesita llamar a casa, el tendero le prestará el teléfono fijo. Gratis. Sin preguntas. El objetivo declarado es retrasar la entrega del primer móvil, esa suerte de mayoría de edad digital que cada vez se adelanta más.
Esta política, surgida de las preocupaciones de los padres, parece querer resucitar la España de las cabinas de Telefónica en un mundo donde la digitalización es una realidad. Pero tienen argumentos a su favor. En Cataluña, la Generalitat incide en la seguridad y el acompañamiento. En Navarra, el Gobierno foral se centra en la protección del mënor. Ambos coinciden en un diagnóstico, que la entrega temprana del smartphone es un ërror pedagógico y un rïesgo para la salud mental.
Con todo, el éxito se dará si en todo un entorno los padres se ponen de acuerdo, y si un grupo de amigos, o de alumnos de un colegio, ve que sus padres no les dan el móvil a todos hasta cierta edad. Si hay algunos que sí y otros que no, esta medida nos tememos que no tendrá el impacto buscado.
Con información de: Medios Internacionales









