Durante décadas, el interior de la Luna fue un misterio sin resolver. Aunque se había especulado sobre su composición, las pruebas eran limitadas. Sin embargo, un reciente estudio publicado por la revista Nature ha logrado confirmar que el satélite natural tiene un núcleo sólido, lo que podría alterar las teorías sobre su origen, evolución y el papel que juega dentro del sistema solar.
Los científicos lograron este avance al analizar información sísmica recopilada por las misiones Apolo, junto con datos de rocas lunares y observaciones de naves espaciales. Esta información permitió cartografiar con mayor precisión la estructura interna de la Luna.
De acuerdo con los resultados, el núcleo interno es sólido, probablemente compuesto de hierro, y se comporta de forma similar al núcleo terrestre, aunque con una densidad menor.
Este descubrimiento respalda la teoría del “vuelco global del manto lunar”, un fenómeno por el cual los materiales más pesados descienden hacia el núcleo y los más ligeros ascienden. Esta dinámica habría influido en la intensa actividad volcánica de la Luna en sus primeras etapas, dando origen a la gran cantidad de cráteres que hoy observamos.
Arthur Briaud, astrónomo del Centro Nacional Francés de Investigación Científica, declaró a Science Alert que este descubrimiento podría “replantear la evolución del campo magnético lunar”, ya que confirma la existencia de un núcleo interno y aporta evidencias a favor de dicha teoría geológica.
Para este estudio, fueron fundamentales los datos recolectados por las misiones del programa Apolo de la NASA, especialmente entre 1969 y 1972. Los astronautas no solo trajeron muestras de suelo y rocas, sino que también instalaron sismógrafos y equipos para estudiar el comportamiento físico de la Luna.
Esos datos, analizados con tecnología actual, permitieron modelar la estructura del manto lunar y observar el movimiento interno del material, diferenciando entre zonas líquidas y sólidas.
Uno de los hallazgos más trascendentes es que, en sus primeros mil millones de años, la Luna habría generado un potente campo magnético, hoy desaparecido. Tal como ocurre con la Tierra, ese campo podría haber sido originado por el movimiento del núcleo metálico.
Con información de EFE









