Un estudio publicado en la revista Nature Communications desmintió el célebre mito de que «todos los caminos llevan a Roma» tras mapear cerca de 300.000 kilómetros de vías del Imperio romano.
Mediante el desarrollo del atlas digital Itiner-e, un equipo internacional de investigadores determinó que la capital imperial ocupaba una posición periférica en la red terrestre, siendo superada en conectividad y accesibilidad por urbes estratégicas como Antioquía, Ancira (actual Ankara), Bizancio y Corinto.
La investigación reveló que la ruta terrestre más importante de la Antigüedad bordeaba a la Ciudad Eterna, conectando la costa norteafricana, el Levante, Anatolia y Europa central hasta llegar a Francia.
Tom Brughmans, profesor de la Universidad de Aarhus y coautor del trabajo, explicó que la península itálica funcionaba geográficamente como un apéndice del sistema viario. Asimismo, el análisis detalló que las carreteras romanas no poseían la rectitud ni el trazado de la ingeniería moderna, ya que se adaptaban en mayor medida a las limitaciones del relieve.
Pese a su rol secundario en el tránsito terrestre, los autores subrayaron que el liderazgo de Roma radicaba en su dominio de las rutas fluviales y marítimas. Su ubicación en el río Tíber y la proximidad con el puerto de Ostia posicionaban a la ciudad en el centro neurálgico del comercio en el mar Mediterráneo. Los científicos concluyeron que las próximas fases del proyecto integrarán la red acuática al atlas digital para ofrecer una visión integral de la movilidad en el Imperio.
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