Aunque el 24% de los adultos en Estados Unidos utiliza chatbots a diario y su uso global para resolver dudas cotidianas se ha masificado, la mayoría de los usuarios no reparan en las altas exigencias computacionales que requiere la inteligencia artificial (IA) para procesar respuestas y generar imágenes. Para operar, la IA depende de centros de datos: instalaciones críticas que demandan grandes extensiones de tierra y un enorme suministro de electricidad, refrigeración y telecomunicaciones.
Ante este panorama, Google explora la posibilidad de desplegar centros de datos en el espacio. El pasado 30 de octubre, la empresa estadounidense reveló que recibió una respuesta generada desde la órbita terrestre por su modelo abierto,Gemma 4, el cual emplea una unidad de procesamiento tensorial (TPU), un chip computacional especializado para tareas de IA.
Para llevar a cabo esta prueba, el gigante tecnológico utilizó un satélite construido en colaboración con Planet Labs, el cual despegó el pasado 1 de octubre en una misión de SpaceX como parte de la iniciativa Project Suncatcher, orientada a investigar la computación espacial.
Sin embargo, el ensayo no equivalió al funcionamiento de un centro de datos completo, sino que consistió en una solicitud simple: pedir al modelo de IA que redactara un poema haiku composición breve de origen japonés estructurada habitualmente en tres versos sobre permanecer en el espacio.
La respuesta fue recibida cuando el dispositivo orbitaba sobre las proximidades de Svalbard, en Noruega, y el poema en inglés expresaba:
La esfera azul ahí abajo,
Los datos fluyen con silenciosa elegancia,
La luz de las estrellas alimenta mi núcleo
De esta manera, el equipo técnico comprobó que el sistema podía procesar la petición en órbita y transmitir el resultado a la Tierra.
Esta iniciativa de Google forma parte de una trayectoria de desarrollo tecnológico continuado. En 2016, la empresa dio a conocer sus TPU, procesadores concebidos para acelerar los cálculos de inteligencia artificial que ya empleaba internamente desde 2015. Con estos chips, Google cuenta con una alternativa a las tarjetas gráficas de NVIDIA,apoyándose en Broadcom para su desarrollo y en TSMC para su fabricación.
Por otra parte, la ejecución de IA en la órbita terrestre cuenta con precedentes. En 2020, la misión Φsat-1 de la Agencia Espacial Europea utilizó un sistema de IA para filtrar imágenes de la Tierra cubiertas por nubes antes de transmitirlas.Asimismo, en noviembre de 2025, Starcloud lanzó un satélite equipado con una GPU NVIDIA H100 y anunció al mes siguiente la ejecución a bordo del modelo Gemma. Ante estos hechos, Google especifica que la novedad radica en haber obtenido una respuesta desde el espacio utilizando una TPU especializada para centros de datos.
A futuro, Project Suncatcher plantea metas de mayor alcance, ya que Google proyecta construir una red de satélites equipados con TPU e interconectados mediante enlaces ópticos para ejecutar tareas de IA. Esta propuesta se fundamenta en la ventaja energética de los vehículos espaciales, dado que la exposición solar casi permanente permitiría a los procesadores disponer de hasta ocho veces la producción eléctrica obtenida por paneles solares similares en la Tierra,según estimaciones de la compañía.
De concretarse, la empresa obtendría un nuevo mecanismo para ampliar su capacidad de cómputo, aunque actualmente el proyecto se encuentra lejos de demostrar su viabilidad a gran escala.
La propuesta enfrenta dos obstáculos principales: el calor y la radiación. A pesar de que podría asumirse que el frío espacial facilita la refrigeración, la ausencia de aire en el vacío impide la disipación convencional del calor generado por las TPU. Para resolver este problema, la firma estadounidense investiga sistemas con conductos térmicos y radiadores, los cuales evaluó previamente en cámaras de vacío.
Además de la regulación térmica, los centros de datos orbitales se enfrentan a la radiación ionizante, capaz de alterar el funcionamiento de los componentes electrónicos. Aunque Google ha realizado ensayos en Tierra, aún debe comprobar la respuesta del hardware ante una exposición prolongada a la radiación y evaluar si los costos de despliegue resultan viables.
Tras la recepción del haiku, los investigadores solicitaron otros poemas de temática espacial a la IA, además de peticiones para monitorear el estado técnico del satélite. Actualmente, el equipo prepara ensayos para observar cómo resisten las TPU el estrés térmico y la radiación durante su operación en órbita, con la previsión de experimentar con dos satélites interconectados en 2027. Aunque la prueba inicial no demuestra de inmediato la viabilidad de un centro de datos en el espacio, confirma que la IA y las TPU son capaces de responder desde el vacío cósmico.
Foto cortesía Envato








