«Nos hemos convencido arrogantemente de que somos los únicos seres vivos dignos de ser escuchados», declaraba el filántropo Jeremy Coller. Ha sido así hasta hace poco pero esta mentalidad está cambiando gracias a la inteligencia artificial, que permite detectar patrones complejos en enormes bases de datos de sonidos y comportamientos animales.

Después de décadas evitando atribuir lenguaje a especies no humanas, los científicos empiezan a admitir que la comunicación animal podría ser mucho más sofisticada de lo que jamás imaginamos. Los resultados de este año han revelado hallazgos sorprendentes: desde sepias que parecen usar un lenguaje de signos hasta ruiseñores capaces de ajustar instantáneamente el tono de su canto para imitar a otros individuos, una flexibilidad vocal que hasta ahora se consideraba exclusivamente humana.

Los titís, pequeños primates que viven en grupos familiares muy unidos, utilizan llamadas únicas para dirigirse específicamente a cada miembro del grupo, convirtiéndose así en los primeros primates no humanos conocidos que emplean algo parecido a nombres propios. David Omer, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y su equipo documentaron este comportamiento, que se suma a descubrimientos similares en elefantes africanos y delfines, estos últimos con silbidos distintivos que funcionan como firmas personales.

El proyecto ganador del premio de este año estudia una población de 170 delfines nariz de botella que habita en la bahía de Sarasota, Florida, abarcando seis generaciones. Laela Sayigh, del Instituto Oceanográfico Woods Hole, y sus colaboradores han identificado mediante inteligencia artificial 22 silbidos utilizados por múltiples delfines. El más extendido, producido por más de 35 animales, se emite cuando detectan algo inesperado o desconocido, como si preguntaran «¿qué fue eso?». Otro silbido más áspero parece funcionar como advertencia, y investigaciones aún sin publicar sugieren que los delfines podrían usar el silbido distintivo de un animal ausente para «hablar» sobre él.

La revolución tecnológica que permite procesar masivamente datos de comunicación animal abre la puerta a una comprensión completamente nueva del mundo natural. «Cualquier cosa que aprendamos sobre los animales nos hace apreciarlos más. Los estudios sobre comunicación probablemente llevan a mucha gente a pensar: ‘¡Vaya, son como nosotros!'». Si los científicos logran descifrar el primer lenguaje animal, y muchos creen que está a punto de suceder, podríamos acceder a nuevas formas de percibir la realidad.

Con información de: El Mundo

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