Se dice que perder de vista la costa es la única manera de encontrar nuevos horizontes. Álvaro García y Celia Reza (30 y 28 años) nacieron en Madrid, lejos del agua salada y con el océano a miles de kilómetros de distancia. Desde hace cinco años navegan por el mundo en su velero, que no solo se ha convertido en su hogar, sino también en su trabajo y en su forma de entender la vida.

Álvaro estudió en la Universidad Autónoma, donde conoció a Celia, que estudiaba Economía y Relaciones Internacionales, pero con la ligera intuición que no sería a lo que acabaría dedicándose el resto de su vida. A principios de 2020, gracias a años de trabajo, un negocio que había ido bien y una herencia familiar pudieron comprar su anhelada casa flotante. Sin embargo, explican que lejos de lo que piensa mucha gente, la inversión no fue millonaria. “Nuestro barco costó menos que la entrada de un piso en Madrid. Fueron 80.000 euros. No hay que ser rico para poder comprar uno, sino tener ganas y prioridades”, destaca Álvaro.

Desde entonces, no volvieron a instalarse en tierra firme. Poco a poco transformaron el velero en su hogar y empezaron a pensar en cómo podían rentabilizarlo. Lejos de lo que muchos imaginan, vivir en una embarcación no es un lujo reservado a millonarios. Requiere adaptación, mantenimiento constante y una mentalidad práctica, pero puede ser más económico que la vida urbana tradicional. A lo largo de los años, han recorrido Baleares, cruzado el Atlántico, explorado el Caribe y vivido tres temporadas en Panamá.

Ahora, se encuentran en México, desde donde preparan sus próximos proyectos. “Cada vez que llegamos a un nuevo sitio, decidimos dónde vamos a trabajar. Nos adaptamos al lugar y a las oportunidades”, explica Álvaro. En su barco, los recursos son limitados, pero han encontrado un modo de vida equilibrado y sostenible: cuentan con una potabilizadora que les permite generar agua dulce, placas solares que les proveen de energía y el viento como principal fuente de propulsión. “Buscamos el equilibrio. Queremos tener el menor impacto posible en el medio ambiente”, explica Álvaro.

A pesar de los años navegando, se consideran afortunados de no haber vivido ninguna situación límite en alta mar. “Hemos pasado tormentas fuertes y tenido sustos con el barco, pero siempre hemos actuado rápido. En alta mar no puedes quedarte paralizado”. Mientras tanto, su vida sigue navegando.
Con información de: La Vanguardia









