Casi todos los pueblos europeos en diciembre celebran la Navidad con el montaje de la santa trinidad de estas fechas: el árbol, el pesebre y el mercadillo. Incluso algunos compiten por tener el calendario de adviento más grande del mundo o la vela que bate récords de altura (aunque sea una torre medieval disfrazada). Pero hay un pueblo, o mejor dicho, una isla, que rompe con la tradición y festeja el nacimiento de Cristo con un festival de luces, donde la pequeña formación lacustre se convierte en un arcoíris nocturno cuyos reflejos se multiplican en el lago.

Cortesía: Grotta di Babbo Natale

Esto sucede en la Isla de los Pescadores, la única habitada del archipiélago de las Borromeo en el Lago Maggiore, en la región de Piamonte. Este enclave enamora hasta decir basta, al punto que el filósofo francés Montesquieu lo calificó como “el lugar más bello del mundo”. La isla, de apenas 100 metros de ancho por 350 de largo, durante siglos ha alojado a una comunidad de pescadores que, incluso al día de hoy, salen con sus barcas a probar suerte con las redes, y proveer de alimentos a las familias y a los pueblos de la zona.

Tras el éxito de las dos últimas ediciones, hasta el 6 de enero el lugar se convierte en protagonista de Isole di Luce (islas de luz), donde el espectáculo lumínico Texturas de agua en el Lago Maggiore convierten a este encantador enclave en un despliegue de colores que rompen con la oscuridad de las aguas.

Cada día, entre las 17:00 y las 0:30, diferentes tonos y gamas de luces iluminan las fachadas de las casas, de dos o tres plantas y con grandes balcones pensados para secar las redes, así como en la iglesia de San Vittore, que data del año 1000 pero que fue reconstruido entre los siglos XVII y XVIII; y en el jardín panorámico que se extiende a un extremo como el espolón de un barco. Por respeto, queda a oscuras el cementerio, donde las lápidas de los pescadores cuentan con maquetas de barcos.

Cortesía: Grotta di Babbo Natale

Cuando las luces están apagadas, la ocasión se puede aprovechar la Isla Bella, que aloja al Palacio Borromeo, el fastuoso hogar de una de las familias nobles más importantes de Lombardía. Ese palacio, construido y reformado entre los siglos XVII y XIX, sorprende con la elegancia de sus salones y habitaciones, así como sus jardines dispuestos en forma de terrazas. Entre este espacio verde y los que se despliegan en la Isla Madre, crecen unos 2.000 ejemplares de especies autóctonas y exóticas.

Con información de: National Geographic

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