China vuelve a sorprender al mundo con técnicas de ingeniería nunca vistas. Tras superar retos como la construcción de una carretera con 18 curvas en zigzag y un desnivel de más del 40% en apenas 453 metros, y levantar el puente más alto del mundo, con 625 metros de altura, ahora el gigante asiático ha llevado la audacia un paso más allá. En la provincia de Guizhou, en lugar de perforar un túnel, ha optado por cortar literalmente la montaña por la mitad para abrir paso a una nueva carretera.
Esta nueva infraestructura, diseñada para acortar el tiempo de viaje entre regiones montañosas, combina explosïvos controlados, maquinaria pesada y un estudio geológico minucioso que garantiza la estabilidad del terreno. Las paredes resultantes, de hasta 200 metros de altura, se refuerzan con mallas metálicas, hormigón proyectado y sistemas de drenaje, creando un paso seguro y directo que reduce horas de recorrido a apenas minutos.
Aunque China ha llevado esta técnica a una escala sin precedentes, no es completamente nueva en el mundo. Noruega la aplica en sus fiordos, donde cortar la roca resulta más viable que perforarla, mientras que en Estados Unidos se recurrió a métodos similares en el caso de Cumberland Gap, en los Apalaches, aunque a menor escala. La diferencia está en la ambición y la magnitud de los proyectos: los chinos han convertido el corte de montañas en un verdadero arte de ingeniería.
Para que estos proyectos transformen el paisaje sin causar daños, la planificación y la responsabilidad ambiental son fundamentales. Por un lado, acortar distancias y reducir tiempos de viaje abre oportunidades económicas y sociales, conectando aldeas remotas con grandes centros urbanos. Por otro, cada intervención en el paisaje requiere un análisis cuidadoso de riesgos geológicos y ambientales.
Con información de: El Universo









