El lenguaje está conformado por mucho más que las palabras. El tono elegido, la situación, los gestos que acompañan al mensaje e incluso los silencios aportan sentido a lo que se dice. Este hecho, aunque evidente cuando se pone sobre la mesa, pasa en muchas ocasiones desapercibido cuando nos comunicamos con otras personas.

Esa es una de las grandes lecciones que Mariano Sigman, neurocientífico, ha ofrecido en ‘Aprendemos juntos’, del BBVA. Para Sigman lo más curioso de todo es que, tanto cuando escribimos como cuando hablamos, muchas veces nuestras palabras dicen exactamente lo contrario a lo que queríamos expresar. “La frase ‘haz lo que quieras’ significa todo menos eso”, afirma Sigman. Es, quizá, la frase más evidente para analizar el fenómeno que nos presenta el experto. El lenguaje tiene esa füerza peculiar que le permite decir lo contrario de lo que queda escrito.

Si lo interpretamos de manera literal, estamos ante un mensaje positivo. Uno que invita a hacer lo que uno desea. Pero el contexto, así como la ausencia de otros elementos de la comunicación no verbal (en este caso, unos emojis podrían haber suavizado el mensaje), nos dejan claro que esas palabras significan justo lo contrario: no hagas lo que quieres.

Así es como las conversaciones se llenan de contradicciones. Lo que escribimos queda en la superficie; lo que sentimos permanece oculto. Y el otro se ve obligado a interpretar no solo las palabras, sino la emoción que se intuye tras ella. Un terreno donde es fácil equivocarse, en especial cuando nos comunicamos por escrito y de forma online.

Con información de: El Cronista

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