Al noroeste de una capital agitada, en La Pastora todavía se conserva parte de la Caracas de los techos rojos. Vestigios de los tejados característicos y de la vida sencilla de aquella capital de antaño cuando se fundó como parroquia un 16 de octubre de 1889, hace 135 años.

Esa sensación de que el tiempo se conserva, de que el patrimonio mantiene su esencia, del olor a café colado con media, a torta recién horneada a mitad de cuadra o a sancocho de res en la esquina, es lo que fascina a quienes la habitan (más de 140 mil personas viven aquí) y visitan.
Es lo que encantó a los migrantes venidos de España, Italia, Portugal a inicios y mediados del siglo pasado.

Cuenta la historia que desde el punto más al norte de La Pastora y en la falda del Ávila donde termina el Camino de los Españoles, bajó más de una vez el Libertador Simón Bolívar en su ruta hacia la capital. Por ese Camino de los Indios, como aparece en las primeras crónicas de viajeros, transitaron también los colonizadores que cruzaban la montaña desde el puerto marítimo hacia la ciudad.

Atravesaban un grueso portón de madera ancha que llamaron La Puerta de Caracas, y bajaban por una calle -la calle real- que fue empedrada hacia fines del siglo XVI para recibir a personajes ilustres que visitaban la capital venezolana.

Dicen que el Libertador, en su descenso hacia la ciudad, también hacía paradas en Catuche, a pasos de la calle real, para descansar en la sombra de la Ceiba, ese árbol gigante considerado sagrado para quienes viven junto al río que hidrata sus raíces.
Con información y fotografías de Historias que Laten









