El ascensor es un elemento clave de elevación con una historia muy antigua e interesante. Aunque no lo creas, la historia de los sistemas de elevación comenzó mucho antes que los ascensores de edificios modernos. Ya en la antigüedad, algunas civilizaciones construían mecanismos para subir y bajar elementos y crear muros.

Cortesía: Diario Uno

Desde el origen de los tiempos y el surgimiento de la humanidad, las personas ha necesitado elevar o subir cosas, sobre todo cuando comenzaron a construirse estructuras como viviendas o pirámides. Los primeros sistemas de elevación, de los que se tiene registro en la historia, nacieron en el Antiguo Egipto. Estos sistemas eran bastante simples o rudimentarios. Consistían en bloques de piedra atados con cuerdas y movidos gracias a poleas, que se empleaban para subir los bloques de las pirámides.

Si de ascensores propiamente dichos hablamos, la historia cuenta otra cosa. En Grecia, en el siglo III a.C, Arquímedes ideó un sistema de poleas para transportar materiales pesados en las alturas. Estas estructuras no siempre tuvieron un espejo en el interior. Los espejos no cumplen una función, sino varias.

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Las empresas colocaron espejos en los ascensores para que los pasajeros puedan observar lo que pasa dentro de ellos, detectar robos y situaciones extrañas. El espejo aumenta la sensación de amplitud en el interior y reduce el nivel de ansiedad que genera estar en una caja cerrada en movimiento. Este punto fue pensado para personas claustrofóbicas. El espejo también cumple una función estética y de entretenimiento. Tener algo que ver hace el viaje más rápido y divertido.

Con información de: La Razón

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