Esta afirmación describe con precisión los hallazgos de diversas investigaciones sobre el descanso y la psicología del sueño. La ciencia demuestra que los hombres y las mujeres procesan la seguridad, la rutina y las emociones de forma distinta al dormir. Estudios publicados en revistas como Sleep and Biological Rhythms revelan que los hombres obtienen un descanso más profundo y reparador cuando comparten la cama con su pareja. La cercanía libera oxitocina, lo que favorece la relajación.
El contacto físico con la pareja estimula la producción de la hørmona del amor. Esto estabiliza la frecuencia cardíaca, reduce el cortïsol (hormona del ëstrés) y promueve una respiración calmada. Los hombres registran periodos más largos de sueño profundo, lo que optimiza la recuperación cerebral y física nocturna. La presencia de su pareja habitual calma su sistema nervioso y elimina microdespertares por alêrta o soledad.
Un famoso estudio liderado por la Dra. Christy L. Hoffman en el Canisius College de Nueva York analizó el sueño de casi 1,000 mujeres y determinó los beneficios de la compañía canina. Los perros suelen mantener hábitos de sueño constantes y se mueven de manera más predecible que los humanos, disminuyendo las interrupciones del sueño. Dormir con una pareja humana puede acarrear interrüpciones por ronquidos, peleas por las cobijas o diferencias de temperatura.
El perro ofrece afecto físico incondicional y no invâsivo. Las mujeres reportaron percibir niveles significativamente más altos de seguridad y confort con un perro a su lado. El cerebro femenino asocia al perro con un guardián alêrta ante intrüsos o pelïgros externos. Las responsabilidades asociadas a una mascota obligan a las dueñas a mantener horarios fijos para acostarse y despertarse, regulando positivamente su ritmo circadiano. En general, la seguridad emocional, ya provenga de una pareja o de una mascota, es uno de los factores más influyentes en cómo dormimos.
Con información de: La Vanguardia









