Las investigaciones muestran que el parto provøca adaptaciones neurológicas importantes en el cerebro materno, incluyendo cambios en la amígdala, una región clave para detêctar señales emocionales y de pelïgro.
En las semanas posteriores al nacimiento, la actividad de esta zona puede aumentar, volviendo a la madre más sensible al llanto, los movimientos y otras señales del bebé. Esta adaptación ayuda a responder más rápido ante cualquier señal de necesidad o alerta.
Los expertos también explican que, después del parto, el sueño de muchas madres se vuelve más ligero y vigilante, ya que el cerebro permanece atento incluso mientras descansa. A esto se le conoce como hipervigilancia materna.
Además, cambios hormonales como los de oxitocina y cortisol también contribuyen a mantener el sistema nervioso en un estado de mayor sensibilidad orientado a la protección del bebé.
Con información de: La Vanguardia









