El debate sobre la Generación Z y el trabajo suele centrarse en la supuesta falta de esfuerzo de los jóvenes, una percepción que algunos análisis y estudios contradicen con pruebas fundamentadas en las interacciones de ese grupo etario con los videojuegos. Estas plataformas han inculcado en dicha generación una lógica de productividad por resultados, rehuyendo la idea de improductividad frecuentemente atribuida a este grupo.

La familiaridad con sistemas de recompensa inmediata y métricas claras en los juegos se traslada a su manera de entender el esfuerzo profesional. Los jóvenes consideran que un esfuerzo solo tiene sentido cuando produce avances concretos, a diferencia de generaciones previas que suelen valorar el compromiso medido en tiempo. Este enfoque chøca con las prácticas tradicionales donde las horas presenciales son el principal indicador de dedicación.

Un análisis reciente de la Universidad de Brigham Young mostró que equipos que jugaron videojuegos antes de enfrëntar una tarea mejoraron su rendimiento en un 20% frente a los que siguieron métodos alternativos de integración. La mejora se atribuye a dinámicas propias del juego multijugador: comunicación eficiente, definición de roles y objetivos compartidos.

Además, un 82% de jugadores encuestados en un estudio de ScienceDirect afirma que la práctica del gaming no ha tenido un efecto negativo en su rendimiento laboral, apuntando así a un impacto globalmente positivo. Al igual que en los videojuegos, buscan eliminar actividades que no aporten progreso y dan valor a modelos donde cada acción se traduce en un resultado concreto y reconocido. La Generación Z se inclina por juegos multijugador, gratuitos y con fuerte componente social. Entre sus opciones preferidas destacan títulos que combinan ritmo acelerado, posibilidades creativas y comunidades activas en internet.

Con información de: La Vanguardia

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