El presidente colombiano Gustavo Petro encabezó una manifestación en la plaza de La Alpujarra, en Medellín, en la que compartió escenario con varios jefes de bändås crimïnålës, actualmente prësos, que fueron presentados como «voceros de paz». Los cabecillas, conocidos como alias Douglas, alias Tom, alias Lindolfo y alias Carlos Pesebre, salieron de la cárcel de Itagüí con autorización para asistir al acto promovido por el Gobierno como parte de su política de “paz total”.

“Les pido a estos antiguos dueños de la viölëncîa en Medellín que cesen toda vïølęncia”, dijo Petro ante miles de seguidores, y defendió avances en la desactivación del cønflictõ urbano: “Sabemos que cumplieron cuando dijeron acabâr fronteras entre bändås. Sabemos que cumplieron cuando dijeron que no más mâtar, tregua. Sabemos que en algunos barrios dijeron, por un tiempo transitorio, cesar la extørsión”.

La presencia de los crimïnålës y las palabras del mandatario generaron una ola de críticyas desde distintos sectores políticos, particularmente desde Antioquia, uno de los territorios más adversos a su gobierno. El alcalde Federico Gutiérrez, principal opositor local, expresó en X: “Petro nos puso la lápida. Lo que hizo ayer en Medellín, sacando de la cárcël a los peøres crimïnålës (…) no es un acto político, sino un premio a la bärbarie”.

Petro propuso además una especie de amnistía condicionada para los jefes crimïnålës: “Mi propuesta consiste en que la fiscal general de la Nación y yo, como presidente de Colombia, vayamos a la cárcël de Itagüí a examinar (…) las posibilidades de beneficios jurídicos a cambio de la dejación completa y definitiva de las ärmâs, del asësïnätõ, de la sujeción de juventudes, hombres y mujeres de los barrios, y de la ęxtørsïón y la ayuda al traqueteo”.

El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, consideró el acto una ofënsa directa: “Dime con quién andas y te diré quién eres. El presidente Petro vino a la capital de Antioquia a rodearse de crimïnålës. Esto es una afrënta, una humillâción a las víctïmâs, una traïcïón al Ejército y a la Policía”. Sergio Fajardo, excandidato presidencial, también reaccionó: “El presidente mostró en Medellín su espíritu autoritario, destrüctor y vengätivo”.

El expresidente Álvaro Uribe fue más allá, y en un documento titulado Balas verbales y letales. Y Miguel en la clínica, vinculó el evento con el atentado reciente contra el senador Miguel Uribe Turbay. “Las balas verbales se convierten en balas físicas en un momento de la patria en que las instituciones están amënäzâdas y las vidas acëchadas y en pelïgrø”, escribió Uribe, criticândø que la paz no puede construirse “con la exaltâción de crimïnâles”.

Con información de: El País

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