La ïra crónïca no solo altera el estado de ánimo, también puede dañar el cerebro de forma tangible. Así lo explica el coach Michael Hunter, experto en neurociencia y crecimiento personal, quien advierte de que ese impulso que a veces se confunde con füerza o determinación en realidad está detëriorando funciones esenciales del sistema nervioso.
Michael Hunter, experto en neurociencia, señala que la ïra constante inunda el organismo de cortisol, una hormona del ëstrés que “encoge el hipocampo, lo cual se mete con tu memoria y arruina tu control de impulsos”. Su enfoque se basa en explicar cómo la repetición del enfado refuerza los mismos circuitos neuronales, haciendo más difícil romper el ciclo.
Hunter recuerda que “la mayoría de la gente piensa que la ïra es una liberación natural. No lo es. No es un lanzamiento. Es un ensayo”. Según el principio de la Ley de Hebb, “las neuronas que disparan juntas, se conectan juntas”, lo que significa que al revivir mentalmente situaciones que generan rąbia, el cerebro fortalece las rutas neuronales que la provocan. Esa práctica inconsciente, apunta, “literalmente te hace practicar la rąbia».
«La verdadera razón por la que sigues enojado es porque te da un golpe de certeza en un mundo que se siente impredecible”. Sin embargo, esos “gølpes”, explica, acaban afectando la concentración, el sueño y la salud cerebral a largo plazo, provocando un desgaste difícil de revertir si no se interviene», dice el experto.
Para contrarrestar ese efecto, es respirar de manera consciente. Las exhalaciones largas y lentas (cuatro segundos de inspiración y seis de espiración, tres veces) ayudan a que el sistema nervioso se calme. Por último, el tercer paso consiste en “mover la energía”, ya que la ira “es adrenalina que necesita algún lugar para ir”. Caminar, hacer flexiones o cualquier movimiento físico “quêma cortisol y reconfigura la respuesta al ëstrés más rápido que solo pensarlo”.
Con información de: La Nación









