El maquillaje no es una técnica novedosa. Ya desde el antiguo Egipto, el ideal de belleza se basaba en una piel bronceada, unos ojos grandes y delineados en forma de pez en color oscuro, labios coloreados en tonos terracota y cejas muy cuidadas. Por este motivo, ya para aquella época, los polvos negros y verdes eran usados por hombres y mujeres para decorar su rostro.
Mientras que antiguamente muchas personas creían que el maquillaje les protegía de enfermedades, en la actualidad se utiliza para suavizar e, incluso, erradicar los complejos que más nos inquietan, como el paso del tiempo.
El maquillaje es considerado como una de las armas más poderosas para rejuvenecer el rostro. Según la maquilladora Alexandra Flavia, emplear sombras oscuras para los ojos es uno de ellos. En este sentido, según la maquilladora son las sombras oscuras las que provocan este efecto. En lugar de brindar frescura y luminosidad, este tipo de tonos tienden a marcar las facciones, acentuando líneas de expresión y hundiendo visualmente los ojos, lo que puede generar un efecto contrario al buscado.
En su lugar, la experta apuesta por las sombras en tonos claros y luminosos, como los beige, rosas, melocotón o champagne. Estas tonalidades reflejan mejor la luz, creando una sensación de amplitud en la mirada y aportando frescura al rostro, por no hablar que son mucho más fáciles de aplicar.
Con información de: Vogue España









