Frente a los problemas del mercado laboral a los que se enfrenta la Generación Z, resulta inevitablemente sorprendente una insólita paradoja que afecta al 93% de los jóvenes que consiguen ganarse la atención de la empresa. Esa gran mayoría de los Generación Z deciden actuar ante sus futuros jefes como si estuviesen ante una mala cita: haciéndoles ghosting y dejándoles en la estacada.

Así lo recogía la encuesta del grupo Indeed en una muestra repartida entre 1.500 negocios y otros 1.500 trabajadores de Reino Unido, destacándose que el 75% de los trabajadores ha ignorado en el último año a los que apuntaban a ser sus jefes tras superar los procesos de selección. En el caso de la Generación Z, la muestra detrás de estas prácticas van mucho más allá.

Tal y como demuestran las cifras confirmadas por los propios Gen Z, tras superar procesos de entrevistas, conseguir el trabajo, y hasta terminar firmando el contrato, el 87% decide desaparecer sin dejar rastro sin presentarse siquiera al primer día de trabajo. Aunque todas las generaciones parecen haber caído en algún momento en la práctica, los más jóvenes son los únicos que, lejos de acercarse al arrepentimiento, muestran ese ghosting con cierto orgullo.

Más de la mitad de los Generación Z, alrededor de un 56%, reconoce que volvería a actuar de la misma forma, y aunque un 31% de los encuestados considera el ghosting laboral como una estrategia aceptable para gestionar sus carreras antes de iniciar el proceso de entrevistas, el 28% cree estar en su derecho de hacerlo cuando ya ha iniciado las conversaciones con el equipo de contratación.

La razón detrás de la tendencia entre los Gen Z está en lo que ellos mismos denominan como una medida que les hace «tener bajo control su carrera». Un empoderamiento motivado por la necesidad de protestar contra los sueldos bajos, o incluso la falta de condiciones realmente estimulantes, que les permite reducir el estrés de la situación.

Con información de La Tercera

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