Decía Benjamin Franklin que «La felicidad humana no se suele lograr con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.» Cuidar de esas pequeñas cosas es la clave de la excelencia cotidiana.
Relacionamos la excelencia con la carrera profesional, con la productividad y los logros. Sin embargo, la vida cotidiana merece el mismo cariño, aunque muchas personas destacadas en su campo desatienden la vida familiar o el cuidado de su propia salud.
En el documental «The Wisdom of Trauma», Gabor Maté reconoce, delante de su esposa, que su trabajo en el hospital llegó a absorberle tanto que llegaba a casa agotado y no trataba bien a su familia. Darse cuenta de ello le permitió reaccionar y llevar una parte de ese amor y entrega a los suyos.
De los monjes podemos aprender a hacer una cosa detrás de otra, siempre con mimo y dedicación. De las marcas de lujo, que la escasez crea valor. ¿Y qué hay más valioso que la vida? ¿Hay mayor lujo que hacer un buen uso de nuestro tiempo?
Con información de: Cuerpomente









